miércoles, 13 de mayo de 2009

Refrescos de la calle.

CRÓNICA

¿Qué estudiante de periodismo puede sentarse dos horas a hablar con varios vendedores de jugos ambulantes? pues yo. Es sábado y son las 9:04 a.m. estoy frente al almacén Calza Costa tomándome un jugo de Maracuya con Lina Vidal, una chica alta, blanca de ojos cafés; ella es cliente fija del negocio de don Javier Campo. La misión: saber por qué la gente compra y consume refrescos que venden en las calles.

El negocio de Campo es un carrito en donde vende jugos de frutas naturales. Los jugos son deliciosos; le pregunto si tiene una receta secreta y me dice que si, pero me deja bien claro que esta no se puede revelar. Campo tiene 55 años y lleva 10 trabajando en este lugar con el mismo negocio de lunes a sábado, y asegura que desde hace muchos años tiene sus clientes fijos.

“Tengo alrededor de 20 clientes que vienen a desayunar acá y después del almuerzo vienen a tomarse un juguito porque en los restaurantes no dan jugos naturales como los que vendo yo” asegura Campo, además, añade que el horario de entrada al trabajo de la gente es temprano y es por ello que él desde las 6 a.m. ya está con su carrito parqueado en el mismo lugar siempre. (Frente a calza costa). Campo cuenta que en muchas ocasiones ha sucedido que personas llegan un poco atrasadas para llegar al trabajo y le piden que se agilice pero él asegura que siempre tiene una buena atención y es rápido en su trabajo.


Son las 9:40 a.m. y por fin termino de tomarme el vaso de jugo de Maracuya, don Javier con su sonrisa que no la deja para ningún lado me pide el vaso y me dice: “vamos a echarle la ñapa para que vuelva” me trae el vaso nuevamente lleno, pero mí estomago ya no podía con más nada. No digo nada y sigo hablando con él y con sus compañeros de trabajo. Hay 8 negocios más en el mismo andén y me dice que todos son amigos y además “nos colaboramos” agrega.

“El Negro” un compañero de Campo que tiene su negocio al lado, me dice que la gente consume los jugos que ellos venden porque son de frutas naturales y que en la mayoría de los casos son personas que tienen que llegar temprano al trabajo y no les queda tiempo de hacer el desayuno y Campo agrega que eso es cierto, porque la mayoría de sus clientes trabajan por allí cerca y todas las mañanas llegan a desayunar. “la gente no solo viene a desayunar acá sino que después de almorzar vienen a tomarse otro jugo porque dicen que hace mucho calor y quieren refrescarse, agregó “el Negro”.

Campo me sigue contando acerca de lo viable que es su negocio y me dice que siempre le ha ido bien porque sus bebidas son las que nutren y alimentan, y espera que sus clientes sigan llegando contentos a tomarse los tres vasos de jugo diario como suele suceder.

Son las 10:28 a.m. y llega Emilia rosa una cliente fija de Campo y le pide un jugo de Mango, se sienta a mi lado y me dice “que calor que está haciendo en estos días” y luego de haber consumido el primer sorbo del jugo hace con un gesto muy envidiable <>.

Ya son las 10:58 a.m. y todavía tengo la mitad del jugo en el vaso, mi estómago no puede más. De repente comienza a llegar gente. Llegan dos muchachos, luego tres amigas y después una pareja. Decido dejar lo que quedaba de jugo y me despido del señor Campo y del “Negro” les doy las gracias y Campo con su sonrisa me dice “que vuelva”

Camino alrededor de diez minutos y me quedo analizando a un señor moreno que se ve un poco atareado, está frente a Foto Japón y es vendedor de avena y limonada. Es Flecher Osorio de 48 años vendedor de refrescos, que lleva dedicado a su oficio 17 años, los que él califica mero esfuerzo.

Cuando lo veo desocupado me acerco a hablar y le explico que es un trabajo universitario, me dice que él me puede dar su opinión, pero que le compre una avena para que yo sepa porque su clientela compra y consume sus refrescos y además porque siempre vuelven. Decido comprar la avena y cuando le voy a pagar me doy cuenta que solo me quedaban $400, le digo que es lo único que tengo y no puso pretexto. La pruebo y es espesa, deliciosa y muy refrescante, pero a la vez mi barriga me avisaba que ya estaba llena.

Osorio me dice que sus clientes llegan en las mañanas, en el medio día y a veces en la tarde. “Ellos siempre vienen a desayunar antes de ir a trabajar o antes del colegio, porque yo también vendo fritos” y Antonio el compañero del lado que vende lo mismo se mete en la conversación y dice que la mayoría de personas que llegan ahí van es a la hora de desayuno porque no les gusta cocinar o en muchas ocasiones no le queda tiempo. Y “Las personas que compran los refrescos en el medio día casi siempre lo hacen es por el calor y buscan refrescarse, muy rara vez lo harán por hambre” asegura Antonio.

Osorio además asegura que el precio económico de sus refrescos le favorece, debido a que vende vasos de avena y limonada a $500 y a $700. Y dice que la misma limonada que el prepara y el mismo vasito se consigue en Carrefour o en el Ley con el precio doble.

Tomarse un jugo de Mango, de Maracuya o de Zapote y sentir el aire fresco de la brisa que golpea el rostro, sacudiendo el pelo y dando una sensación de alegría es la costumbre de muchos samarios y samarias, como Ángela Robles quien asegura que consume los refrescos de la calle sin temor alguno, debido a la sed, y en su desayuno siempre se toma una avena que la compra en la calle. “no tengo lugar fijo, la compro en el primer sitio donde la encuentre” agrego.

Son las 11:45 a.m. y he recorrido alrededor de 6 negocios de los vendedores de refresco. Hay negocios rodantes, ambulantes y fijos, pero todos tienen un mismo fin que es vender y conseguir clientes.

Saber que un consumidor de refrescos callejeros se puede volver casi adicto a ellos dependiendo del gusto o la necesidad, tiende a llevar al vendedor a ser el entusiasta de las ventas; todo lo que radica en los consumidores son las ganas de comprar algo que apetece y que mejor forma de hacerlo que a través del entusiasmo generado por parte de los vendedores y la buena calidad de sus refrescos.

Son las 4:30 p.m. y comienzo a redactar la crónica que me fue establecida y analizo que toda investigación trae consigo conocimientos, los cuales ayudan a ampliar el concepto de un tema que en muchas ocasiones creemos conocer o lo vemos superficial, pero cada tema trae consigo importancia la cual hay que valorar por muy insignificante que esta parezca.

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